lunes, 20 de mayo de 2024

El Duelo

 

El Duelo


La muerte sucede y hemos aprendido a lo largo de la vida que este suceso inevitablemente pasará a todos. Pero también podemos llegar a aprender que es posible llenar de sentido una pérdida y dar significado a una muerte o la oportunidad de un nuevo comienzo.

Hablar de la muerte, muchas personas ni nombrar esa palabra pero es algo tan real y a la vez tan doloroso que no se está preparado para ese momento y proceso. Cada duelo es único y lo mismo el dolor, hay personas que controlan sus emociones y son dignos de admirar pero también los hay quienes pasan por un trago muy amargo y difícil de pasar.

En el papel del cuidador (familia o externo) también sufre la pérdida de la persona a quien cuida, porque muchas veces sin darse cuenta se vuelve dependiente y lo mismo ese proceso de soltar esa dependencia de saber que necesita sus cuidados la persona y cuando ya no está es como sentirse con un gran vacío.

La relación y cuidado diario  del cuidador externo con el usuario, también crea lazos afectivos y que al fallecer el usuario, siente el mismo dolor que la familia.

 

Fases del duelo:

-       Negación: No es posible, es un error, ¿porqué a mí?

-       Ira: Me hubiera pasado a mi, mejor hubiera muerto “fulanito que no se cuida”, esto es un castigo, etc.

-       Depresión: Momento de reflexión y análisis sobre las repercusiones de la enfermedad y la muerte a nivel personal y familiar, expresión de dolor, aceptación y agradecimiento.

-       Aceptación: Reconocimiento pleno de la enfermedad y la muerte cercana. Momento para poner en orden pendientes y despedirse.

El dolor y resistencia desaparecen.

 

Reacción ante la muerte:

Shock, aturdimiento, anestesia emocional:

Incredulidad, irrealidad, conductas automáticas, negación como mecanismo de defensa, hablar como mecanismo de ayuda.

 

Enfrentar la ausencia:

Incredulidad, irrealidad, conductas automáticas, negación como mecanismo de defensa, hablar como mecanismo de ayuda.

 

Cambio, reorganización, restablecimiento.

Nueva identidad, reconstruir la vida, afrontar soledad, recordar al ausente ya no como presente, la vida acaba pero la relación continua.

 

 

Que SI ayuda:

-       Reconocer la vulnerabilidad y limitaciones temporales que implica un duelo.

-       Ser pacientes y benévolo con uno mismo.

-       Hablar de lo que pasó y compartir su sentir con personas comprensivas y afectivamente cercanos.

-       Buscar experiencias, compañías y momentos gratificantes.

-       Disponer de un tiempo para recordar, pensar y llorar.

-       Darle sentido a lo que pasó, abrir un espacio espiritual y trascender a partir de la pena.

-       Comer bien y tener suficiente descanso.

 

Que NO ayuda:

-       Victimizarse, tener autocompasión, creer que la vida nunca compensará su pérdida.

-       Aceptar imposiciones familiares, culturales y sociales respecto a la duración de la pena

-       Sentirse desleal o culpable por sonreír, por tener momentos agradables, emocionales.

-       Imponerse actitudes de falsa fortaleza, ignorando las necesidades físicas y emocionales.

 

-       Tomar decisiones importantes como casarse, cambiar de trabajo, romper relaciones, etc.

 

-       Deshacerse de fotos, cartas a lo que implique evadir recuerdos.

 

-       Evitar sustituir a la persona muerta con otra pareja o teniendo otro hijo.

 

-       Conducta de momificación, no tocar objetos y posesiones del fallecido, esto promueve la negación de la pérdida y la esperanza de que regrese.

 

-       Sacar todas las pertenencias el primer día para no recordar.

 

-       Idealizar al muerto, poner altares, rezarle como si fuera un santo, realzar solo aspectos positivos.

 

-       Recurrir a tranquilizantes, sustancias psicoactivas o alcohol para olvidar la pena.

 

-       Involucrarse en actividades sexuales promiscuas.

 

-       Aislarse emocionalme, rechazar ayuda  y cercanía de familiares y amigos.

 

-       Comparar penas y duelos propios con los de otros.

 

Debemos entender que es una situación  muy difícil, donde muchas veces nuestras emociones afloran sin control y que para eso no existen normas para este dolor. Cada duelo es único y personal.

En la mayoría de los casos es inevitable y  necesario pedir ayudar  y sentirse acompañado en este proceso.

 

 

Autor: Ana María Córdoba Mora.

 

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